¿Cuándo se deben evaluar los riesgos psicosociales?

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¿Cuándo se deben evaluar los riesgos psicosociales?

Aclaramos la evaluación de riesgos de carácter psicosocial en el lugar de trabajo.

Una evaluación de riesgos de carácter psicosocial en el lugar de trabajo puede ser necesaria a partir de diferentes situaciones; algunas de ellas son las siguientes:

  • Como parte integrante de la evaluación inicial de riesgos. La evaluación inicial de los riesgos es la que se produce en el momento de la aplicación por primera vez de la nueva normativa de prevención de riesgos laborales, o cuando se crea un centro de trabajo o parte de él.
  • Cuando se produce una variación de las condiciones de trabajo o siempre que vaya a introducirse una innovación en el lugar de trabajo un nuevo proceso de producción, nuevos equipos materiales o humanos, modificación de la organización del trabajo, etc. que pueda alterar significativamente la situación actual.
  • Habida cuenta de posibles requisitos legales, querer detectar los posibles riesgos psicosociales existentes a fin de establecer medidas de mejora de la salud y seguridad de los trabajadores.
  • A partir de la constatación de una serie de «anomalías» o disfunciones que hagan sospechar que existen problemas de índole psicosocial. Por ejemplo, un cúmulo de quejas, un absentismo elevado, una baja productividad, etc.; situación que puede darse en una sección o departamento determinado de la empresa o puede tener un carácter más amplio.
  • Como consecuencia de una evaluación general de riesgos anterior, querer evaluar de forma más específica determinadas actividades, grupos de trabajo o riesgos específicos.
  • Comprobación de que las medidas preventivas existentes son las adecuadas. Por ejemplo, comprobación de la idoneidad de las acciones llevadas a cabo tras una evaluación general de riesgos, etc.

Principios comunes para la evaluación de los riesgos psicosociales.

Durante las últimas décadas se han producido una serie de cambios económicos, sociales y organizacionales, entre los que cabe mencionar la globalización de la economía y la creciente flexibilidad de las empresas, que han planteado importantes cambios en las relaciones entre empresa y trabajador (Barling y Frone, 2004; Meliá, 2006b; Peiró y Prieto, 1996). Esos cambios y una mayor conciencia social de la salud como fenómeno biopsicosocial que no puede reducirse a la mera ausencia de enfermedad y daños corporales, han conducido a un creciente interés en los denominados riesgos psicosociales y en la calidad de vida laboral (Duro, 2005a, 2005b) y su progresiva incorporación a los procedimientos habituales de evaluación de riesgos (Meliá, 2006a). Entre estos cambios se cuenta a) la terciarización de la economía con un incremento sustancial de la contribución del sector servicios, b) la terciarización de los puestos de trabajo, dentro incluso de la industria, a través de la mecanización, automatización, informatización y control, c) la progresiva mejor cobertura de los riesgos tradicionales en seguridad e higiene, d) la emergencia de nuevos riesgos ligados a estos cambios, e) su repercusión en la progresiva conciencia de los agentes sociales, tanto empresarios como trabajadores, f) así como la creciente presencia y notoriedad de abundantes y notorias sentencias judiciales, y g) paralelamente una progresivamente mayor atención y exigencia de las administraciones públicas en general y en particular de la inspección de trabajo. Así la Comisión Europea incluye los factores psicosociales entre sus prioridades de actuación en la Europa de los 25, argumentando que en los últimos años se han dado cambios sustanciales en la organización y el diseño del trabajo que han dado lugar al agravamiento de los riesgos ya existentes y a la aparición de nuevos riesgos (ver a este respecto la Agenda Europea sobre Salud Laboral 2002-2006, COM, 2002, 118 Final).

Sea cual sea el sector de una empresa, resulta necesario disponer de indicadores relativos a la seguridad y salud como fuente de información necesaria para una correcta toma de decisiones. Dado que la seguridad descansa simultáneamente sobre factores técnicos, humanos y organizacionales, es imprescindible disponer de indicadores para todos estos factores (Montmayeul, Mosneron-Dupin & Llory, 1994). La progresiva incorporación de la evaluación de los riesgos psicosociales a las prácticas preventivas de las empresas, como viene sucediendo en diversos países de nuestro entorno económico y cultural, es sin duda, un elemento claramente positivo que fomenta una visión integral de la prevención dispuesta a aprovechar el abundante conocimiento disponible sobre el papel del denominado «factor humano» en la seguridad y salud de las organizaciones, con netas repercusiones sobre la eficiencia organizacional y rentabilidad empresarial. El enfoque se basa en el concepto de empresa como sistema en el que interactúan una serie de elementos y cuyo resultado ha de ser un trabajo de calidad y con salud para las personas. Este concepto se incluía ya en la definición que en 1984 el comité mixto OIT/OMS daba de factores psicosociales como interacción entre el trabajo y las capacidades, cultura y condiciones personales externas al trabajo.

La evaluación de riesgos psicosociales se convierte en una herramienta preventiva de gran importancia, puesto que la identificación, valoración y control de los factores de riesgo de origen psicosocial y la planificación de las medidas preventivas correspondientes, conduce a una gestión eficaz de las personas de la organización, en el sentido de una mejor adecuación a la tarea a desempeñar, al entorno, a la empresa, y se traduce en la eficacia de la organización: mejor rendimiento, menor absentismo y mayor satisfacción (Lahera y Góngora, 2006).

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Más información en nuestra sección: Prevención

 
Canarias, a 29 de julio de 2020.

CSIF, sector autonómico de Canarias

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